LOS MONTONEROS
El Cono Sur del continente, y en especial la Argentina, fue trastornada por la nueva beligerancia guerrillera cubana. Así estaba previsto en los acuerdos de la OLAS: propiciar la lucha armada y promover las estrategias revolucionarias conjuntas. Cuba se dará a la tarea de estructurar agrupaciones terroristas urbanas que conformarán tentáculos clandestinos en varios países de América Latina, cuyo marco teórico residiría en el pensamiento del anarco-marxista Guillén y del brasileño Marighela.
En Argentina se originará entonces, con el condominio de los componentes de múltiples movimientos radicalizados, el Ejército de Liberación Nacional (ELN). La esencial comisión de ELN será hacerse sentir en las comarcas norteñas del país secundando los manejos del Che Guevara en Bolivia. A la muerte del Che Guevara y de su seguidor Inti Peredo y no teniendo la armazón creada un propósito especificó, el ELN se fragmenta en variados agregados que deciden proseguir con las contiendas salteadoras dentro del país.
Así comparecen a la luz de la opinión pública las tres organizaciones subversivas más potentes que han de consagrarse en el país: los Montoneros, las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) y el Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP).
Las célebres guerrillas urbanas confeccionadas por los Montoneros asumieron la estrategia cubana de enfrentar al imperialismo norteamericano a un nivel continental. En septiembre de 1968, el general cubano Rafael del Pino visitaba la Argentina al frente de la delegación oficial a las sesiones de la Organización de la Aviación Civil Internacional. Exilado más tarde, del Pino relatará los asiduos encuentros clandestinos que un miembro de la inteligencia cubana e integrante de aquella comisión, el "mayor Muñoz", sostuvo en Buenos Aires con los distintos partidos terroristas10 "durante nuestra permanencia en el país sudamericano Muñoz entregó fuertes sumas de dinero a diferentes organizaciones de izquierda, en especial a las fuerzas armadas peronistas que en aquellos momentos desarrollaban una febril actividad guerrillera en Tucumán".
Tras su participación en la famosa Mesa Redonda de los Tupamaros en 1970, los Montoneros obtienen subsidios de Cuba, lo que les da la potencialidad de precipitar una oleada de encuentros armados. El asesinato del directivo gremial Augusto Vandor en junio de 1969 marca nítidamente el preludio de una plena y coordinada ofensiva de violencia contra las instituciones del gobierno argentino.
Hay que considerar que en América Latina las conciencias estaban turbadas por una creciente divulgación de las ideas marxistas, con la consolidación del proceso cubano, el triunfo electoral de Allende y de la Unidad Popular en Chile, la subsistencia del gobierno nacionalista peruano y las dificultades en el Uruguay.
El 29 de mayo de 1970 a la una y media de la tarde, las emisoras de radio en Argentina interrumpían su programación para dar la conmovedora noticia del secuestro del general Pedro Eugenio Aramburu, ex presidente del país. En pleno día y en pleno centro de la capital, Aramburu fue detenido "a nombre del pueblo" por un equipo de peronistas encabezados por Firmenich. Esquivando puestos policiales y evitando caminos transitados, una camioneta Gladiator enfiló hacia Timote llevando escondido bajo una carga de fardos de pastos al general. Allí se le juzgó y fusiló.
Aramburu había sido el artífice del robo y desaparición del cadáver de Evita Perón. En la confesión hecha a sus captores, Aramburu declaró que los despojos estaban en un cementerio de Roma bajo nombre falso y en custodia del Vaticano, y que la documentación sobre el hurto del cadáver se hallaba en una caja de seguridad del Banco Central en Buenos Aires a nombre del coronel Cabanillas. Sin embargo, los Montoneros no pudieron obtener más detalles al respecto.
El real motivo para liquidar a Aramburu era su promoción del proyecto para reemplazar al régimen corporativista de Juan Carlos Onganía, y con ello dar un paso peligroso contra la oposición integrando el peronismo al sistema electoral. De concretarse el “plan Aramburu”, los subversivos peronistas quedaban sin opción estratégica, ilegitimándose la vía armada para la toma del poder. La exitosa conjura montonera había tomado casi un año entre planificación y vigilancia; con ella, lograron darse a conocer nacionalmente. Eliminado el cerebro y autor del movimiento anti-peronista, los Montoneros promulgaron la guerra irregular urbana y rural como único método a seguir.
El presidente Onganía no duró una semana al escándalo del secuestro. Al entierro de Aramburu asistió un nuevo presidente, el general Roberto Marcelo Levingston. La Argentina sería escenario de una ola terrorista y por consecuencia de una sucesión de pautas represivas por parte del gobierno que sacudió en sus cimientos al país.
A partir de este momento, los Montoneros se las agencian para extraer del sistema administrativo del país los recursos indispensables para costear la subversión, e intentar destruir paulatinamente el aparato económico a fin de lograr un empobrecimiento del ciudadano productor y el caos social. Otros hechos en marzo de 1970 suscitaron el interés del pueblo: el secuestro del ingeniero Yuri Pivovarov, representante comercial de la embajada soviética, y el fallido intento con el hijo del agregado civil de la embajada de la República de China.
Así llegó 1971, año en que la violencia aumenta y se diversifica: el apresamiento del gerente del frigorífico Swift, Stanley M. Farrer, en mayo de 1971; el asesinato del decano de la Fiat en Argentina, Oberdán Salustro un año después; la emboscada y ejecución del general Juan Carlos Sánchez y del político Roberto Mario Uzal, ambos en abril de 1972.
Durante el auge del pánico, los cubanos utilizaron su embajada en Buenos Aires para mantener sus vínculos con los Montoneros y con su dirigente Firmenich, así como con el ERP guiado por Santucho. La Habana brindó asesoría a estas organizaciones subversivas, así como entrenamiento táctico en guerrillas urbanas y rurales; se facilitaban los movimientos y las comunicaciones, alterando identidades personales y dando acceso a su valija diplomática. Asimismo, los funcionarios castristas propiciarían la conexión de los Montoneros con los palestinos, de quienes recibieron concurso adicional.
A principios de los años setenta, el agente cubano Roberto Cabrera actuando bajo cobertura diplomática en Buenos Aires era el correo entre los montoneros y el ERP. A Cabrera se le unirá luego el oficial del Departamento de América, Damián Arteaga Hernández. Por otra parte, la embajada cubana en Santiago de Chile se convertirá en el eslabón más importante en la red de apoyo internacional, de propaganda, de inteligencia y de financiamiento del MLN.
Entre 1970 y 1973, durante la férrea administración del general Alejandro A. Lanusse, los Montoneros y la FAR trataron de buscar en la masa peronista su materia vital. En ese lapso perpetraron 53 atentados personales; también las fuerzas armadas argentinas atacarían el poblado de Garín el 30 de julio de 1971. El círculo vicioso se tornaría cruento: por un lado caían miembros de la policía, y por otro lado eran ultimados o detenidos militantes de distintas organizaciones. Estas, a su vez, tomaban represalias sangrientas. Pero los Montoneros sufrían substanciales percances: los reveses iban sumando y la pequeña organización iba quedando desguarnecida.
El 11 de marzo de 1973 se celebran elecciones. La coalición de partidos que conformaban el Frente Justicialista de Liberación (FREJULI) orientados por los peronistas, conquista ampliamente la justa electoralista. Dos meses después, el nuevo gobierno del presidente Héctor Cámpora decreta la amnistía general para todos los presos que calificaba de políticos. Muchas de las infamantes matanzas de los Montoneros fueron consumadas con la excusa de llevar al país a las urnas, y empleando como lemas el regreso de Perón y "los militares a los cuarteles".
Al poco tiempo, el 20 de junio de 1973, se produce el fugaz retorno a la Argentina del general Perón poniendo fin a su exilio. Pero los amnistiados por Cámpora, locos de furor, tomarán nuevamente el camino de la fuerza, enfrentándose incluso con antiguos compañeros peronistas, como en el caso de Ezeiza, donde hubo abundante número de muertos y heridos. Ante la seria alternativa el presidente Cámpora y su vicepresidente Solano Lima, presentan sus renuncias con la anuencia de Perón. Les sucede por un brevísimo período el diputado Raúl Lastiri. Finalmente, el 12 de septiembre de 1973, Perón asciende a la presidencia tras un corto proceso electoral. Junto a él asumirá la vicepresidencia de la república su segunda esposa, María Isabel Martínez.
A pesar del arribo de la poderosa silueta de Perón al gobierno y de gozar de una ancha base popular, el terrorismo no se redujo. Con asombro y consternación, Perón viró las espaldas a la izquierda tradicional y declaró fuera de la ley a los grupos de guerrilleros pro-cubanos que le habían dado su apoyo para derrocar a la dictadura militar; éstos, con celeridad, replicaron con el asesinato del secretario general de la sindical peronista, José Rucci. Perón antepondría al terrorismo su singular poder para galvanizar a las multitudes. El abismo entre los peronistas y el ala izquierda compuesta por los montoneros, el FAP y la Juventud Peronista se hará definitivo.
El 14 de febrero de 1974, tras una laboriosa fase de preparación, los servicios secretos de Castro culminan la coalición de los movimientos sediciosos del Cono Sur. Se formará la Junta Coordinadora Revolucionaria (JCR) con la integración del Ejército de Liberación Nacional de Bolivia, el Ejército Revolucionario del Pueblo de Argentina, el MIR chileno y los Tupamaros uruguayos. De inmediato la inteligencia cubana apuntala a la Junta Coordinadora desde varias metrópolis europeas, especialmente desde París, con el objetivo de facilitar el trasiego y lavado de dinero, propaganda, los desplazamientos y puntos de confluencia para los entrenamientos especiales en Cuba.
La Junta Coordinadora arregla sus bases abiertas y encubiertas en puntos geográficos de cada continente. Dentro del bloque soviético se escoge a Cuba y Checoslovaquia; para la América Latina, se hará en la Argentina, Panamá, Brasil, Perú y Paraguay; con vistas a cubrir Europa se ubicarán en España, Francia, Portugal, Italia y Suecia; para el continente africano, lo serán Libia y Tanzania. Con una robusta armazón europea de propaganda y con la tolerancia en los medios de prensa se desata una virulenta campaña contra el gobierno argentino. La actividad militar de los Montoneros se propone azotar las numerosas empresas extranjeras.
Perón decide reaccionar al impulso insurgente con la fuerza represiva militar, y se dictarán leyes y normas penales para las actividades terroristas. En un acto masivo del 1 de mayo de 1974, el rancio caudillo denuncia a los Montoneros calificándolos de mercenarios "de un país del área", y alertando contra la infiltración en el movimiento peronista.
El 1 de julio de 1974 fallece Perón, quedando en la presidencia su esposa María Isabel. Esta crisis del partido de gobierno es explotada inmediatamente por la oposición beligerante, especialmente en el campo psicológico y en el militar. En octubre de 1974, la FAR se fusiona a los Montoneros.
ARQUITECTURA DEL TERROR
En este período de gobierno peronista los Montoneros cumplirán múltiples atentados y secuestros extorsionistas. En marzo de 1974, un foco guerrillero de la ERP materializa el viejo sueño del caporal Santucho: utilizar el plano rural y montañoso de Tucumán para desplegar la conflagración armada y declarar la provincia como zona liberada. La ERP comenzará a operar con relativa intensidad al sudoeste de Tucumán, apresando la trivial localidad de Acheral y dando a conocer al país el nacimiento de la guerrilla campesina.
Hasta ese momento la contienda armada se había escenificado en las ciudades en forma de guerrilla urbana. Con el fin de globalizar la hostilidad, la ERP irá más allá valiéndose de regiones que por sus características geográficas brinden los requisitos precisos para el desempeño de unidades rurales11.
Los combatientes llegan a sojuzgar pequeñas localidades, ultimando a muchas autoridades provinciales. El 11 de agosto fracasa la tentativa de asaltar la unidad militar de Catamarca, un chasco que reduce el activo de los insurgentes. Ante tal encrucijada, María Isabel decreta la movilización del ejército en la zona, y crea, a principios de 1975, el "operativo independencia" desplegando una cruzada militar que ha de durar dos años.
Al igual que sus primos uruguayos Tupamaros, los Montoneros logran levantar una arquitectura de terror con fabriquitas secretas de explosivos y armamentos, de imprentas clandestinas y medios de falsificación. Vaca Narvaja Narvaja, prófugo de la justicia italiana por falsificación de documentos y tenencia de armas, es quien dirige la secretaría de relaciones internacionales de los Montoneros.
La actividad terrorista de todos los grupúsculos rebeldes se sustentaba al contar con fuentes permanentes de recursos financieros que propiciaba un voluminoso y complejo aparato económico, con entidades empresariales que actuaban también como pantalla, y permitían canalizar y manejar ingentes cantidades de recursos.
Los Montoneros alcanzan amasar unos $80 millones procurados por estas empresas capitalistas que secretamente les respondían, y también mediante la extorsión. Las organizaciones subversivas montarán un verdadero espionaje de todo el sistema económico del país, procurando información necesaria a sus fines, ubicando a sus elementos en la estructura administrativa tanto pública como privada, en especial donde es procesada la información económico-social.
En junio de 1975, se celebra en La Habana una reunión de los comunistas de América Latina, donde, con el beneplácito de los soviéticos, Castro pide la unificación y coordinación de todos los partidos para provocar la lucha armada allí donde fuera factible y necesaria. A comienzos de 1976 el rompecabezas bizantino que era la economía Argentina enfrenta tres gravísimos escollos que se interrelacionan: amenaza de hiperinflación con precios relativos fuertemente distorsionados; aguda recesión interna con descensos en la productividad y en la producción; y cesación de pagos externos con un déficit fiscal alarmante donde la inversión registra tasas negativas de variación.
El 24 de marzo se engendra la tragedia al fecundar un golpe de estado castrense que depone a María Isabel. En julio de ese año mueren en un enfrentamiento importantes dirigentes del ERP, entre ellos Santucho. La organización se debilita, sus militantes son cazados en sus escondrijos y comienza el éxodo de sus cuadros. La violenta represión de los sicarios militares se hace sentir en los Montoneros, que acusan una evidente declinación, registrándose numerosas deserciones y delaciones. Con la ayuda de Castro, la cúpula directriz de los Montoneros relocaliza hacia Cuba su estado mayor, su organización laboral y sus cuadros de espionaje, ordenándose a sus militantes el suicidio con pastillas de cianuro en caso de caer en manos de la policía política.
El nuevo refrito oposicionista estructurado en la Coordinadora Revolucionaria, ya muy raquítica dentro de la Argentina, tratará de incrementar su ímpetu en Europa mediante la "concientización" de los organismos defensores de los derechos humanos y la denuncia de la miseria envilecedora que según ellos reinaba en la república de La Plata. También se engendra en Venezuela una agencia noticiosa, la Agencia de Prensa Latina (APAL).
El año 1978 hallará a las organizaciones terroristas de América Latina en regresión. Todas, incluyendo los Montoneros, están totalmente dislocadas y operan con pocas células. Disminuye la eficacia de la acción psicológica y propagandística en el interior del país y languidecen los reclutamientos. La "élite" subversiva ambiciona pilotar las acciones desde el exterior, utilizando vastos fondos financieros y el amparo del gobierno cubano. Numerosos intentos de infiltración armada se maquinan desde La Habana para llevarse a cabo en la Argentina.
A fines de 1979 un limitado grupo montado por Cuba evade la policía Argentina y logra conducir algunas operaciones terroristas que incluyen el asesinato de varios funcionarios. Unidades de Montoneros son incluidas en la brigada internacional que Cuba perfiló para patrocinar la batalla de los sandinistas en Nicaragua. Esta conexión salió a la luz cuando Firmenich, jefe de los Montoneros, en uniforme sandinista y escoltado por su lugarteniente Vaca Narvaja, revela la presencia de una brigada montonera en los sartales de Masaya durante el conflicto contra Somoza. Firmenich admitirá incluso haber contribuido financieramente a la guerra sandinista, sobre todo en sus últimas etapas.
El fiscal argentino Juan Romero Victorica, en entrevista concedida al Diario Popular de Buenos Aires, el 29 de septiembre de 1991, acusa a Cuba de utilizar sus diplomáticos en la Argentina como correos para extraer los dineros obtenidos por los Montoneros de los secuestros efectuados en la década del setenta, señalando de la misma manera la participación de los cubanos en tales operaciones. Romero Victorica indicó que los fondos habían sido despachados por los cubanos vía Perú y México, y partes de los mismos fue lavado a través de los narcotraficantes.
En la actualidad el régimen de Castro retiene unos $100 millones de los Montoneros, donde está incluido el grueso de los $60 millones que los terroristas obtuvieron en los secuestros de los empresarios Juan y Jorge Born en 1975. En palabras del especialista en terrorismo, el rumano Michael Radú12 "lo que hace violentos a los Tupamaros y Montoneros no es su creencia en la justicia social para los pobres, sino su creencia utópica en la necesidad de destruir una sociedad que desconocen con vistas a construir otra que no pueden definir claramente".
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